Recorrer el mundo a bordo de un lujoso crucero, visitando los destinos más
exclusivos. Es la propuesta laboral de varias compañías y consultoras para con
jóvenes entre 21 y 35 años, con buen nivel de inglés y una actitud totalmente
volcada hacia el servicio al cliente.
Sueldo en dólares, cero gastos en
luz, gas y teléfono, comidas pagas y la posibilidad de acumular pilas de
billetes de la moneda norteamericana (según el puesto se puede ahorrar en una
temporada completa entre 4000 y 9000 dólares). También es posible conocer gente
de todas partes del mundo y hacer nuevas amistades.
Claro que no se
trata del barco de la fantasía. A cambio, se exige sacrificio y largas y
agotadoras jornadas laborales de 10 horas como mínimo. Hay pocos momentos de
descanso, no hay días francos (dos veces por semana se accede a una mañana o
tarde libre) y escasea la intimidad, ya que cada empleado está obligado a
compartir su pequeña cabina con otras dos o tres personas.
Distintas
opciones
Pero si todavía persiste el deseo de embarcar, conviene
conocer cuáles son las opciones. Hay dos maneras de obtener un trabajo a bordo
de un crucero. La primera es acudiendo a las convocatorias masivas que distintas
empresas realizan en el país.
La gran ventaja de esta modalidad es que
casi no hay mayores requisitos, salvo el de la edad. Además, suelen tener muchos
puestos y varias personas quedan seleccionadas. Pero no todos son lugares de
acceso inmediato y muchos de los elegidos deben aguardar en largas listas de
espera. Sólo son llamados cuando se produce una vacante.
Otra
alternativa es recurrir a una consultora especializada en programas de trabajo
en el exterior. Placement Solutions International (PSI) ofrece a los egresados
de las carreras de Turismo y Hotelería la opción de convertirse en miembros de
la tripulación de un barco de lujo. Se manejan con perfiles altamente
capacitados y seleccionan, sobre la base de antecedentes y experiencia, a la
cantidad justa para cubrir la demanda de la empresa.
"Se trata de un
servicio personalizado, donde brindamos asesoramiento en el armado del
currículum, preparamos para la entrevista con el empleador y acompañamos en el
proceso antes, durante y después de que el chico sube al barco", cuenta Debora
Freidkes, presidenta de PSI.
Antes de incursionar con el programa de
cruceros, PSI se afianzó en los más tradicionales, como los de trabajo en
hoteles y resorts de Estados Unidos. "Después de que terminaban la experiencia,
muchos querían continuar su carrera en el exterior, pero por una cuestión de
visado no podían volver a hacer el mismo programa. Entonces surgió la
alternativa de los cruceros, que requiere de una visa distinta, la C-1D",
explica Freidkes.
Pero la mayoría lo hace más por una cuestión económica
que profesional. "Es un empleo mucho más exigente que el de un hotel cinco
estrellas. Demanda el doble de esfuerzo, es muy duro", ilustra Melina
Perlongher, cruise program assistant, que agrega que de los 50 chicos que se
subieron al barco, el 20% se bajó antes de tiempo.
Otra ventaja es que
la inversión inicial es bastante menor que cuando se trata de un programa
tradicional. "En general, las empresas abonan el pasaje de vuelta, por lo que
los gastos se reducen. Hay que pagar la visa, los estudios médicos que exigen
las compañías para embarcarse y a veces un depósito de 500 dólares que se
devuelve una vez finalizado el contrato", explica Perlongher.
Además, se
necesita una libreta de embarque que también hay que incluir entre los gastos.
Se consigue una vez que se completan los cursos de seguridad personal, control
de multitudes, manejo de grupos, superviviencia en el mar, primeros auxilios y
prevención de incendios.
"Algunas compañías líderes, que son con las que
trabajamos, capacitan a su personal y les dan la libreta sin costo", comenta
Friedkes. En otros casos hay que sacar el certificado por cuenta propia, en
instituciones educativas autorizadas, como el International Buenos Aires Hotel
& Restaurant School (Ibahrs).
"Nosotros hacemos los cursos junto con
la marina. Una vez que sacó la libreta de embarque, esa persona está habilitada
para trabajar en un crucero por cinco años", explica Achim Heyden, presidente de
Ibahrs.
Si bien no son cursos largos, pueden demandar una semana y eso
muchas veces complica las posibilidades de las personas del interior. "La idea
es hacer la parte teórica por Internet y sólo la parte práctica en forma
presencial", confirma Heynen.
Ibahrs también hace de puente entre las
empresas y los candidatos. "Nos piden personal y nosotros ofrecemos los puestos
entre nuestros alumnos. En general, son posiciones de camareros, cocineros y
personal para el casino."
Según Heynen, la complejidad de este trabajo
radica en que uno no compite con 500 personas de su país, sino con miles de todo
el mundo. "Se trata de puestos muy codiciados por los asiáticos, los
latinoamericanos y los europeos del este. Los argentinos, todavía, son una
minoría".
Sin embargo, los de este lado del Atlántico suelen ser muy
codiciados. "Para trabajar en un barco se necesita temple, buen trato y mucha
fuerza interior. Y el argentino reúne todas esas condiciones", concluye
Friedkes.
Laura Reina
Historias de tripulantes
Geraldina y
Santiago se conocieron durante las entrevistas, pocos días antes de embarcar, y
se enamoraron. La insistencia de ellos y la buena voluntad de la compañía
hicieron que estuvieran juntos en el mismo barco, compartiendo la cabina y las
pocas horas de descanso.
"Yo trabajaba de camarera y Santiago en la
cocina. Sobrevivimos esos siete meses porque estábamos juntos. Si no, no
hubiéramos aguantado. Ahora que lo pienso bien, no lo volvería a hacer",
confiesa Geraldina.
Sin embargo, reconoce que hubo cosas positivas.
Durante su estada aprendió, creció y... se casó. "Fue en Alaska. Una compañera
nos consiguió un juez de paz, el vestido, todo. Nos casamos arriba de una
montaña", recuerda emocionada. Después hubo fiesta y pasaron la noche de bodas
en un camarote de lujo. Al otro día, a trabajar.
Virginia Poggi también
tuvo su experiencia a bordo. A pesar de que reconoce que fue muy dura, hace
pocos días volvió a embarcar. "La primera vez lo hice para vivir algo diferente.
Pero esta vez lo hago para juntar plata. Además, ya sé de que se trata. Aunque
es difícil, ya me adapté a la vida en altamar".

