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Empleos
Publicado en la ed. impresa: Empleos
Domingo 6 de marzo de 2005

Cruceros: oportunidades de trabajo en alta mar

Empresas y consultoras buscan empleados para barcos de lujo

Recorrer el mundo a bordo de un lujoso crucero, visitando los destinos más exclusivos. Es la propuesta laboral de varias compañías y consultoras para con jóvenes entre 21 y 35 años, con buen nivel de inglés y una actitud totalmente volcada hacia el servicio al cliente.

Sueldo en dólares, cero gastos en luz, gas y teléfono, comidas pagas y la posibilidad de acumular pilas de billetes de la moneda norteamericana (según el puesto se puede ahorrar en una temporada completa entre 4000 y 9000 dólares). También es posible conocer gente de todas partes del mundo y hacer nuevas amistades.

Claro que no se trata del barco de la fantasía. A cambio, se exige sacrificio y largas y agotadoras jornadas laborales de 10 horas como mínimo. Hay pocos momentos de descanso, no hay días francos (dos veces por semana se accede a una mañana o tarde libre) y escasea la intimidad, ya que cada empleado está obligado a compartir su pequeña cabina con otras dos o tres personas.

Distintas opciones

Pero si todavía persiste el deseo de embarcar, conviene conocer cuáles son las opciones. Hay dos maneras de obtener un trabajo a bordo de un crucero. La primera es acudiendo a las convocatorias masivas que distintas empresas realizan en el país.

La gran ventaja de esta modalidad es que casi no hay mayores requisitos, salvo el de la edad. Además, suelen tener muchos puestos y varias personas quedan seleccionadas. Pero no todos son lugares de acceso inmediato y muchos de los elegidos deben aguardar en largas listas de espera. Sólo son llamados cuando se produce una vacante.

Otra alternativa es recurrir a una consultora especializada en programas de trabajo en el exterior. Placement Solutions International (PSI) ofrece a los egresados de las carreras de Turismo y Hotelería la opción de convertirse en miembros de la tripulación de un barco de lujo. Se manejan con perfiles altamente capacitados y seleccionan, sobre la base de antecedentes y experiencia, a la cantidad justa para cubrir la demanda de la empresa.

"Se trata de un servicio personalizado, donde brindamos asesoramiento en el armado del currículum, preparamos para la entrevista con el empleador y acompañamos en el proceso antes, durante y después de que el chico sube al barco", cuenta Debora Freidkes, presidenta de PSI.

Antes de incursionar con el programa de cruceros, PSI se afianzó en los más tradicionales, como los de trabajo en hoteles y resorts de Estados Unidos. "Después de que terminaban la experiencia, muchos querían continuar su carrera en el exterior, pero por una cuestión de visado no podían volver a hacer el mismo programa. Entonces surgió la alternativa de los cruceros, que requiere de una visa distinta, la C-1D", explica Freidkes.

Pero la mayoría lo hace más por una cuestión económica que profesional. "Es un empleo mucho más exigente que el de un hotel cinco estrellas. Demanda el doble de esfuerzo, es muy duro", ilustra Melina Perlongher, cruise program assistant, que agrega que de los 50 chicos que se subieron al barco, el 20% se bajó antes de tiempo.

Otra ventaja es que la inversión inicial es bastante menor que cuando se trata de un programa tradicional. "En general, las empresas abonan el pasaje de vuelta, por lo que los gastos se reducen. Hay que pagar la visa, los estudios médicos que exigen las compañías para embarcarse y a veces un depósito de 500 dólares que se devuelve una vez finalizado el contrato", explica Perlongher.

Además, se necesita una libreta de embarque que también hay que incluir entre los gastos. Se consigue una vez que se completan los cursos de seguridad personal, control de multitudes, manejo de grupos, superviviencia en el mar, primeros auxilios y prevención de incendios.

"Algunas compañías líderes, que son con las que trabajamos, capacitan a su personal y les dan la libreta sin costo", comenta Friedkes. En otros casos hay que sacar el certificado por cuenta propia, en instituciones educativas autorizadas, como el International Buenos Aires Hotel & Restaurant School (Ibahrs).

"Nosotros hacemos los cursos junto con la marina. Una vez que sacó la libreta de embarque, esa persona está habilitada para trabajar en un crucero por cinco años", explica Achim Heyden, presidente de Ibahrs.

Si bien no son cursos largos, pueden demandar una semana y eso muchas veces complica las posibilidades de las personas del interior. "La idea es hacer la parte teórica por Internet y sólo la parte práctica en forma presencial", confirma Heynen.

Ibahrs también hace de puente entre las empresas y los candidatos. "Nos piden personal y nosotros ofrecemos los puestos entre nuestros alumnos. En general, son posiciones de camareros, cocineros y personal para el casino."

Según Heynen, la complejidad de este trabajo radica en que uno no compite con 500 personas de su país, sino con miles de todo el mundo. "Se trata de puestos muy codiciados por los asiáticos, los latinoamericanos y los europeos del este. Los argentinos, todavía, son una minoría".

Sin embargo, los de este lado del Atlántico suelen ser muy codiciados. "Para trabajar en un barco se necesita temple, buen trato y mucha fuerza interior. Y el argentino reúne todas esas condiciones", concluye Friedkes.

Laura Reina

Historias de tripulantes

Geraldina y Santiago se conocieron durante las entrevistas, pocos días antes de embarcar, y se enamoraron. La insistencia de ellos y la buena voluntad de la compañía hicieron que estuvieran juntos en el mismo barco, compartiendo la cabina y las pocas horas de descanso.

"Yo trabajaba de camarera y Santiago en la cocina. Sobrevivimos esos siete meses porque estábamos juntos. Si no, no hubiéramos aguantado. Ahora que lo pienso bien, no lo volvería a hacer", confiesa Geraldina.

Sin embargo, reconoce que hubo cosas positivas. Durante su estada aprendió, creció y... se casó. "Fue en Alaska. Una compañera nos consiguió un juez de paz, el vestido, todo. Nos casamos arriba de una montaña", recuerda emocionada. Después hubo fiesta y pasaron la noche de bodas en un camarote de lujo. Al otro día, a trabajar.

Virginia Poggi también tuvo su experiencia a bordo. A pesar de que reconoce que fue muy dura, hace pocos días volvió a embarcar. "La primera vez lo hice para vivir algo diferente. Pero esta vez lo hago para juntar plata. Además, ya sé de que se trata. Aunque es difícil, ya me adapté a la vida en altamar".

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/685037
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